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Con alforjas y a lo loco (I)

domingo, marzo 13th, 2011

Hacía tiempo que venía acariciando la idea de volver a colocar el transportín en mi bici y colgarle las alforjas para pasar un par de días dando pedales, y cuando llegó el puente del 28 de Febrero, ví claro que era mi oportunidad, porque el tiempo acompañaba.

La ruta la tenía decidida de antemano: quería salir de mi casa, y llegar a Portugal por el borde entre Badajoz y Huelva. Demasiadas veces buscamos paraísos lejos de nuestra tierra sin darnos cuenta del tesoro local que disfrutamos, y que algunos conocemos poco.

Mirando el mapa, la ruta era sencilla y rápida por carretera, llegaría sin problemas a mi destino (Monsaraz) en dos días. Pero atendiendo a una sugerencia de Flo, empecé a considerar hacerlo por camino, o al menos alternando asfalto y caminos, así que me puse a ver por internet cómo trazar la ruta. Y ahí fue donde descubrí el Sistema de Información Geográfica de Parcelas Agrícolas (SIGPAC), www.sigpac.es.

Era justo lo que necesitaba para definir mi ruta: mapas detallados de relieve y caminos, con posibilidad de medir distancias. Así que me puse a imprimir los mapas de las distintas etapas, y a aprendérmelos lo máximo posible para identificar por dónde iba en cada momento. Ayudado del cuentakilómetros, la brújula y las referencias de cerros y barrancos, no tuve muchos problemas en cruzar por ejemplo de Segura de León a Higuera la Real campo a través.

Así que armado con los mapas, metí en la alforja una muda, el chandal y las zapatillas para descansar, bolsa de aseo con lo esencial y un bocadillo, lo apreté todo bien, cargué las herramientas y agua, y salí camino de Tentudía por la trialera, para empezar por lo duro.

Si buscaba tranquilidad, poco me duró, porque ese sábado todos los quads de la comarca habían decidido hacer una ruta por ese caminio, estuve acompañado por ruido de unos 30 o 40 vehículos. Cuando enlacé con la carretera que baja a Cabeza la Vaca, me deshice de ellos, y tuve un rato de descanso y de carretera entre castaños en bajada. Paré en el mirador desde el que se atisban las poblaciones colindantes para comer algo y disfrutar del paisaje y pensar en mis cosas.

Enfilé para Cabeza la Vaca, frenando para alargar todo lo posible la espectacular bajada, deseando meterme ya en terreno desconocido: el primer tramo de camino. Fue más sencillo de lo que esperaba: el camino hasta Segura de León es amplio y llano, y tuve que consultar poco el mapa, por lo que en poco tiempo me encontré admirando el castillo de Segura, donde paré a almorzar un bocadillo de jamón y una cruzcampo bien fría, con el sol dándome en los pies descalzos para secarlos de los charcos. Estas sensaciones son las que me enganchan a la bici, pensaba mientras sonreía entre trago y trago de cerveza.

Con fuerzas renovadas, salí de Segura parando antes en la Ermita del Santo Cristo de la Reja, donde me emocioné con las sentidas ofrendas y súplicas de los devotos: mensajes escritos a mano pidiendo fertilidad, pidiedo salud para un padre con enfermedad terminal, o mensajes de felicidad de gente que había visto cumplido su deseo: el boli con el que aprobaron una oposición o la ‘L’ de novato al aprobar el examen de conducir… Es curioso, pero cuando uno va solo en la bici, estas cosas parecen tener más importancia… o quizá en ese momento es cuando uno percibe la justa.

Afrontaba el último tramo del día, y quizá el más dificil: llegar a Higuera por un tramo complicado, donde en alguna ocasión tuve que saltar cercas, consultar el mapa y volver sobre mis pasos, o continuar por trialeras sin tener certeza de que me llevaran a un destino claro; pero el rumbo O-NO de la brújula no podía fallar, en algún momento encontraría un camino principal hacia Higuera.

Por fin pasé un cerro desde el que vi el pueblo (aunque lo anunciaban casitas de campo y gente paseando desde mucho antes), y llegué a Higuera. Me sorprendió la cantidad de industria que tienen, esperaba un pueblo más pequeño. Era hora de buscar cobijo.

Me fui directamente al hostal más barato de los que había consultado, y por 15 euros tenía una habitación sin ningún encanto, antigua, fea, destartalada…. pero con todos los lujos que yo necesitaba: agua caliente, limpieza absoluta y una cama. Me duché , me puse el chandal y las zapatillas,  llamé a casa, y me quedaba frito mientras pensaba que definitivamente, las alforjas enganchan como una droga.