Buscando nieve

El dia estaba feo, se barruntaba resaca de carnavales y a las 10:00 de la mañana quedó confirmado en la Gasolinera: caras de estetíoestáloco, ni una bici a la vista y -sorpresa- ningún Girón Llimona por los alrededores.

Me metí en el Mallorca, confiando que al menos Edu Contreras no faltaría a la cita, pero tras 20 minutos de espera, ya sabía que hoy tocaría rodar solo. Así que para dejar constancia de mi solitaria ruta, estar comunicado en caso de necesidad y escuchar un poco de música, me volví a casa a echar mano del teléfono móvil, y puse rumbo a la Piedra del Ágila.

Para combatir el frío, las rampas de la Huerta Murcia me harían entrar en calor rápidamente, y así fue, aunque el agarrotamiento de los músculos era considerable. Aún quedaban reminiscencias de la nieve en la parte alta del cerro, ya capas delgadas de hielo que no suponían ningún problema.

Recuperando, giré a la izquierda hacia el Chalé de los Curas, caminando entre pinares y olivos, y casi cortando la niebla a mi paso. En una de las bifurcaciones del camino, escogí subir un poco, por un camino que nunca antes había transitado, y encontré este pequeño salto agua (disculpad la calidad de la foto, está hecha con el móvil:

A partir de aquí, el camino subía supongo que hasta el Castillo, y no era ese mi objetivo hoy, por lo que me volví sobre mis pasos para seguir ladeando hacia el Culebrín, con los Cotos por referencia:

A los pocos pasos, el rumor de los pinos y la música del móvil me jugaron una mala pasada, que terminó sin embargo en un gran momento: justo en un cambio de canción, el ulular del viento hizo que me sintiera como si todos los pinos se me echaran encima -¿alguien sabe por qué un tío de 30 tacos se puede llegar a cagar con ciertos sonidos y situaciones, aunque sepa a ciencia cierta que nada pasa?- e inmediatamente después tres pequeñas ciervas cruzaron delante de mí, y me salió un grito del alma que sólo hizo espantarlas aún más. Supongo que no esperaréis fotos del momento.

A partir de ahí, enganché el camino que baja al Camping, y me hice una foto en la Fuente de Madrile (ni idea de este topónimo hasta ahora!):

Crucé hacia la carretera y decidí bajar hasta el Culebrín. Puesto que las obras del Complejo Leo estaban cerradas, hice la rotonda y me volví para enfretarme a mi cruz particular: La Cruz del Puerto. Hoy había un leve viento en contra, que unido al frío y a la falta de compañeros que marcasen el ritmo, casi me hunden. Una lamentable media de 13 Km/h (con Héctor recuerdo haber subido a 15-16) y el flato asomando en el costado me tentaban a parar; pero aguanté.

Tras la obligatoria limpieza y secado de la bici, pasé por la carpa de Carnavales hacia casa, donde averigué que habría en breve migas, sardinas y cervezas. A veces me pregunto si lo que me engancha a la bici son las calas de los zapatos, o lo bien que sabe todo tras dos horas de pedaleo.

Me voy a por un plato.

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